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Cuando me calzo intenso el sombrero
y lleno así de redes mis bolsillos,
sigo tu paso, tus huellas y gestos,
parecen tus pies finos manojillos
y una bellísima escultura el resto,
mi lacerante, mi rama oh criatura
al crespón en negro y al agua pura,
ahí nos quedamos si caemos
a la grama, tras el tronco o pasillo,
las manos en calenturas de hiedra,
de piedra al sol, de astro erguido
como farolillos de calles en fiesta,
y si al borde de tus ojos las auroras
nacen entre sus hijos despeinados,
más se aviva el hueso y la boca
y se hacen de ti las rosas del labio,
pero si no estás mi barca agoniza,
mis labores, encadenas el oficio.
Eres, amor, como peces sin orilla,
herida sangrienta, yemas de hilo,
porque, como los peces de la playa,
tan arraigada a la brava espuma,
que llevas orilla, olas en la cintura
y los vaivenes de sombras lejanas.
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..L. Gómez..