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Es un placer habitar mi soledad,
ir por el pan y los abismos,
despedirme para estar sin mí
y traer la noche a mis manos
como abanicos de escritura;
tengo nubes, fuego en mis venas,
y espejos, confianza
en lo que dicen mis palabras,
sexo salvaje, cuerpo gastado,
ay, mis cuarenta y ocho a picotazos
-nunca me di a los cuadros en serie-
Lo que fue músculo, sonido,
se ataron inexorable, infinitamente
a cada uno de mis renglones.
Si escribo -era suavidad-
no es porque fuera algodón
el corazón que latía
¿qué si el verso es una puñalada
frágil y fuerte como un latido?
Cuando se agotan las tabernas
y el tapicero hunde su tela verde,
y a pesar del tiempo
vivir es la única palabra,
el verbo exacto, la condición
que se empeña en hacerme permanecer,
siento estas carnes
junto a la ventana de mis años,
que se cuentan por cientos,
y hago lo que mejor se me da,
vivir, así de crudo,
entre la soledad y el verso.
.
..L. Gómez..