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Se abre como una mazorca,
como una romántica espiral,
manantial de iglesia y pueblo viejo,
los patios íntimos,
el baulaque matinal de los sábados
¡niña, mira qué baratos los vestidos,
los zapatos de fiesta!
Como si de mayo fueran los días,
los pájaros recogen sus alas
en las puntas de las chimeneas
que suben igual que el obelisco
de la plaza Dam
-Amsterdam en escaparate-
Allá, a lo lejos, mares de plástico
harán de los brazos su fresa
¿donde comen dos? pues bien trescientos,
y la vida pasa con sus horas al conjunto.
Un grifo gotea lágrimas de cristal.
Qué hermosura de casitas se elevan
de las vastas aceras
como la creación al principio.
Poco a poco se tropieza uno con la tarde
y su queja de niña que llora,
los jornaleros hacen su café en las terrazas,
los pájaros ahogan sus cantos,
las chimeneas bajan,
arden en los salones, en fin,
se hacen los minutos la pesadilla
del insomnio que se acerca
con sus témpanos.
Cuando ya sólo queda dormir,
cuando el carpintero solucionó
a golpes todos los problemas de su edad,
recojo mi cuerpo verde
y me abandono, entre sábanas de franela,
a que vuelva el sol a mi ventana nocturna.
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..L. Gómez..