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Soy una sombra de otra sombra que persigo,
un amago, una isla que se levanta y fluye,
un caballo desbocado soy y me llaman aquel,
el que escribe por los codos y se conoce.
 
El que piensa en amalgama, en puñal cierto;
soy este que véis, una metáfora de luz, este
que se desvive y se apea y calla su pena honda,
un libro en el umbral que se señala y distrae.
 
Antes, mucho antes, he sido otros, la herida,
su sangre púrpura, el dolor que se dispara
como una mueca delatora, un incendio de cuarto,
nadie me dijo que una entrevista con el silencio.
 
En fin, a veces un extranjero pero esto se va llenando.
Salgo, para que la palabra de conmigo, de cacería
por las aceras, caminando siempre por los bordillos,
girándome para contemplar verbos en las muchachas.
 
Acabando aquí me vuelvo a mis plantas más solo
que el que únicamente se dedica a gritar estupideces,
genocidio, cuerda, papel ya vestido, no decir nada.
Así es este oficio de egoísta, un acento sin lenguaje,
una sombra buscando sombra hasta la desesperación.
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..L. Gómez..