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Vivir con la lentitud que la noche
hace de la calle sólo una sombra,
un arpegio apenas, un olvido y no
para que el canto silbe su vereda
y los jazmines lloren enamorados,
por dios, para que una vez se callen
estas voces de horribles claustros
con sus lenguas de serpientes grises,
para que el silencio alce su ímpetu
y la calma deje fuera sus tonterías,
para ser el mirador indispensable
que una ventana oculta en pechos
esconde con el pudor de la inocencia.
Querer estar justo donde me hallo,
entre este cuerpo roto y tu pensamiento.
.
..L. Gómez..