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Los poetas, sus aquelarres de sueño,
ven, calla amor, soy de una palabra,
tal vez, si me uno a ellos, de cien.
Vuela del nido el pájaro que crece,
nada en los ríos de papel y canto.
Ah, poder cantar, ser esa cresta.
Yo los veo apilarse en la noche quieta,
sacar sus puñales, hincar colmillos,
vestir de fiesta sus mejores versos,
hacer de una candela la casa amable,
espolvorear de acentos sus nubes.
Quiero escribir entre ellos, subir
palabras para que tú las leas, siente
al menos este intento que nace
desde el esternón hasta los cabellos
y cae y vuelve a ascender y así.
Ven, calla amor, soy esta palabra
que va y se congrega entre tantos
disfrazada de quebranto, de nuez
quejosa, de garganta rota, el silencio
tan cómodo que no quiere dejarlo.
Entonces ¡oh, mírame! soy un poeta,
un yo de otro yo al precio de serlo,
una codorníz, un lince, un camaleón
que se desvanece entre sus pieles,
un huido que le cuesta si no escribe,
nunca un vago, sino un enamorado
y, en fin, mi vocación la palabra.
.
..L. Gómez..