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Ya no puedes ceder, cedo yo contigo,
y si voy con la muerte en la espalda
este que camina es un fantasma vivo,
la fanática mano de una oscuridad,
la liberación de los -yo- construidos.
No hay mañana sino todos muertos,
celestes y en sacos, atados cordeles,
muere el cuerpo, ¿el alma no muere?
Muero para vivir en mi pensamiento.
Señora, yo la amo como a la palabra
que ciertamente llegará a buscarme,
un clamor en el renglón sostenido,
un mirar hacia dentro sin hallarme
¿nunca se perdieron en su sangre
para conocer lo mejor de sí mismos?
Y de sangre hasta el tobillo y la nuca,
y de sangre más espesa en el hueso,
por la vida, por mis venas de sangre,
abro mis verdores de sangre llenos.
Ya no puedes ceder, cedo yo contigo
porque llevas mi nombre a tu espalda
como un trapo viejo, sombra y tapia
exactas al lugar donde coincidimos.
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..L. Gómez..