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Antes, cuando miraba a mi alrededor
todo lo que me rodeaba estaba muerto,
las calles con sus picardías de luz oscura.

Tengo que dejar sin pipa esta barba
-no nazca entre humo lo que escribo-
empiezo a sufrir aquí entre mis cosas.

Me da pena del jarrón que nunca arreglo,
por los visillos esta pena hasta rizarse,
veo, veo no, siento como son las arañas.

Son vientres, infinitos vientres desnudos,
ellas piensan que el humano es un boceto
y tienen ocho patas para huir de la gilipollez.

Me encuentro en este albúm cuando corría
-era tan rápido que el tiempo me esperaba-
y aquí tenía en la boca el pezón de mi madre.

¡Dios! cuántos años desde mi primer poema,
abro los cajones y saltan como gamos,
como saltamontes vecinos, digo yo, como algo.

Siempre quise ser este, bueno más alto y bello,
para amar con el cuerpo lo que sufre la palabra,
para disimular mi mal genio y mis manías.

Cuento azulejos, tú mascas chicle, mejor callas
¿nunca saliste al balcón como un niño en cueros?
me alimento cuando imploran mis tripas.

Y sé que algún día no encontraré un taburete
para deslizarme entre los visibles, para tronar
que a veces me canso y hoy no sé por qué.

..L. Gómez..