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El poema largo es una porfía
entre la palabra que no se deja
y yo, más cabezota que su resistencia.
.
Tampoco seré tan verde
porque disfrute al contemplar
una mujer desnuda
como un cinismo en su brillantez,
si sabe que algo va a pasar,
si el frío retrocede
y los labios en llamas
buscan el pezón ya en el umbral,
si la lujuria lanza sus bombas.

No soy tan estúpido,
me gusta el animal en todo su esplendor,
su alquimia natural,
ese don de cabellos salvajes.

Cuando lo que sucede
se ha escrito y borrado infinitamente,
ese instante resume la vida
que ordena mis renglones,
golpeo mi pecho capitán de la hora,
toco sumas en su esquina
y ella me muestra el cobre
que el verano hunde en su cuerpo.

La manzana total, ah, la cintura,
sus facciones de años vintage,
el llanto en los pechos
vencidos de tanta caricia,
su silencio junto a mi silencio
y entonces las cosas calladas..

Y me deja que bese su boca
y cuente las pecas de la espalda,
que le coma en el cuello
la vena de sangre espía
y a veces, no, a veces no,
siempre, que mueva mi mano
en el eje de su espíritu.

Luego me dice amor,
hasta otra, amor,
no te pierdas de nuevo, amor,
y me expando al oirlo
como un águila en el monte.

Yo con mi sombrero verde
rebosando en metáfora y prisa,
le digo tranquila, soy el humo
de un andén socorrido,
el cigarro de este que espera
y une, de la fiebre y el favor,
palabras en ricos montones,
para que tú al leerlas,
tengas presente que no todo
es carne.

..L. Gómez..